Anselmo Guinea

El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta la primera exposición monográfica dedicada al pintor bilbaíno Anselmo Guinea (1855–1906), para la que se han reunido más de 80 obras, de las cuales más de la mitad son inéditas y otra buena parte no ha sido expuesta al público desde hace más de 100 años. Es, por tanto, una ocasión única para valorar el delicado virtuosismo y la espléndida captación de la luz de un pintor fundamental para conocer las transformaciones estéticas de la pintura vasca del cambio de siglo. La exposición, además, ha propiciado un exhaustivo trabajo de investigación a cargo del historiador Mikel Lertxundi Galiana, quien pertenece a la Comisión Asesora Artística del museo. Esta labor de conocimiento y estudio quedará reflejada en el catálogo editado por el museo con motivo de la muestra.

La selección de obras tiene en cuenta los géneros en los que trabajó Guinea –las escenas costumbristas, el paisaje y el retrato– y las técnicas que dominó –la pintura al óleo, principalmente, pero también sus acuarelas y dibujos preciosistas–. Los paisajes realistas pintados en Bilbao en la década de 1870 dan inicio al recorrido. Después, la estancia italiana de Guinea entre 1881 y 1887 amplía el espectro de sus intereses hacia la pintura orientalista, de casacas, de historia y de costumbres. En estos años asienta su técnica y su maestría en la plasmación de la luz. A finales de la década, el estrecho contacto con el pintor Adolfo Guiard (Bilbao, 1860–1916) tuvo como consecuencia la adopción por parte de Guinea de ciertos postulados impresionistas, aplicados sobre todo en los fondos de las composiciones.

Durante los años finales del siglo XIX viaja a París y conoce de primera mano el impresionismo, el puntillismo y el modernismo. A partir de entonces da un giro a su pintura, que se hace más luminosa y fluida. Su contribución a la renovación del costumbrismo y el paisajismo vascos será decisiva y se sumará a la de los pintores Adolfo Guiard, Darío de Regoyos y Manuel Losada. A pesar de que la industrialización comenzaba a producir alteraciones en el paisaje, Guinea permanecerá aferrado a una visión ruralista, para la que encontrará tipos y motivos en el idílico valle de Arratia. En los años del cambio de siglo la amistad con diversos coleccionistas locales, y sobre todo con el naviero Ramón de la Sota, le permitió ampliar su registro temático con escenas marinas y, además, explorar las posibilidades artísticas de la vidriera en clave modernista.

La exposición concluye con obras realizadas en sus estancias romanas entre 1902 y 1905. Se centró entonces en el realismo social y, de nuevo, en el costumbrismo italiano para satisfacer la demanda de los coleccionistas locales, siempre interesados en su carrera artística, truncada por una muerte temprana.


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